Vestirse bien es una forma de respetarse a uno mismo.
Aprendí el oficio de mi padre, en un pequeño taller de Milán. Camisas, pantalones, chaquetas, mocasines cosidos a mano… Por aquel entonces, todo se hacía con el mismo esmero, sin atajos.
Hoy, en Lucía Romano, he mantenido esa misma filosofía. Ya sea un polo para una tarde de verano, una camisa para la semana en la oficina o un traje para un día importante, cada prenda está pensada para el hombre que sabe distinguir la verdadera calidad de la mera apariencia.
No confeccionamos prendas para llamar la atención. Las hacemos para quienes han aprendido que la verdadera elegancia se lleva con discreción.
— La familia Romano