Nuestra Historia
Hay historias que no empiezan con una gran empresa.
Empiezan con una pequeña tienda.
Hace más de treinta y cinco años, en un rincón de la Costa Amalfitana, Francesca y Carlo Romano abrían cada mañana las puertas de una humilde tienda de ropa.
No tenían un gran escaparate.
No eran una gran marca.
Solo tenían algo que nunca se puede comprar: la pasión por hacer sentir bien a cada persona que cruzaba aquella puerta.
Era una familia humilde.
Cada prenda que vendían, cada arreglo que cosían y cada sonrisa que regalaban formaban parte de una misma manera de entender la vida.
Allí crecí yo, Julia Romano.
Mi infancia transcurrió entre telas, costuras y el sonido constante de una máquina de coser.
Vi a mis padres levantarse antes de que saliera el sol y trabajar hasta el final del día para sacar adelante a nuestra familia.
Ellos me enseñaron que una prenda nunca es solo una prenda.
Es la confianza con la que una mujer se mira al espejo.
Es la seguridad con la que camina.
Y es el recuerdo que permanece mucho después de haberla llevado.
Cuando cumplí dieciocho años, tuve la oportunidad de viajar a España para terminar mis estudios de diseño.
Fue una decisión difícil.
Significaba dejar atrás mi hogar, mi familia y todo aquello que conocía.
Pero también significaba perseguir un sueño que había nacido muchos años antes, entre aquellas cuatro paredes.
La vida, sin embargo, tenía otros planes.
Poco tiempo después, mi padre falleció.
Fue uno de los momentos más difíciles de nuestras vidas.
Mi madre, Francesca, decidió venir a España conmigo para empezar de nuevo.
Juntas aprendimos que, incluso después de las pérdidas más grandes, siempre puede existir un nuevo comienzo.
Con el paso del tiempo, y después de mucho trabajo, esfuerzo y sacrificio, ese sueño terminó convirtiéndose en realidad.
Cuando llegó el momento de dar nombre a este proyecto, no tuve ninguna duda.
Mi padre siempre había querido llamarme Lucía.
Aunque finalmente mi nombre fue Julia, aquel era el nombre que él había imaginado para mí desde antes de nacer.
Por eso, mi madre y yo decidimos llamar a esta marca Lucia Romano.
No solo porque representa nuestra historia.
Sino porque es el homenaje más bonito que podíamos hacer a mi padre.
Y la forma de mantener vivo todo lo que nos enseñó.
Hoy, cada colección nace con el mismo propósito con el que mis padres abrían cada mañana aquella pequeña tienda de la Costa Amalfitana.
Hacer que cada mujer se sienta cómoda, segura y elegante siendo ella misma.
Porque creemos que la verdadera belleza no está en seguir tendencias.
Está en cómo te hace sentir aquello que llevas puesto.
Y si alguna vez una de nuestras prendas consigue acompañarte en un momento especial, hacerte sonreír frente al espejo o darte un poco más de confianza...
Entonces sabremos que todo aquello que empezó hace más de treinta y cinco años sigue vivo.
Porque Lucia Romano no es solo una marca.
Es una historia de amor por la moda.
De esfuerzo.
De familia.
Y de un nombre que siempre estuvo destinado a existir.
Con cariño,
Francesca & Julia
Fundadoras de Lucia Romano